domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuentos de la Frontera


Hay momentos buenos y momentos malos, situaciones extrañas donde la casualidad aun no ha jugado su última carta y rutinas que esperamos que se rompan en cualquier instante. Hacia el final de los tiempos, hasta la más bella palabra morirá y no podemos impedir que las grandes hazañas hayan nacido para olvidarse un día.
Mientras tanto, la vida en el gran universo, moribunda luchará por su existencia, pero cuando extenuada, reciba su último golpe, con el inicio de su último suspiro, llorará la eternidad su pérdida y entre lágrimas buscará sus huellas.
Fregeneda. Literalmente, el fin del mundo. El atardecer se despidió donde el Águeda y el Duero se funden en un largo beso, y el sol bostezaba entre un mar azul de colinas portuguesas. Allí, donde el orden es desafiado desde la otra orilla, por un bosque salvaje de almendros y chumberas. Allí, donde la tierra cae en ondas cuando baja. Allí, en la frontera. Allí, literalmente, el fin del mundo.
Cae la noche y es el silencio quien llega corriendo. Una voz que sufre callada, camina hasta mi cama y desde su memoria, comienza un cuento.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Aún ahora.


Ayer fui incapaz de recordar tu rostro, el tiempo ha acabado por desdibujarlo; y sin embargo, aún me quedan dos cosas tuyas gravadas a fuego en la memoria, lastima que el olvido las olvidara. He perdido tanto tiempo, tantas lágrimas, tantos suspiros, tantos sueños, esperanzas e ilusiones en lo que para ti no significó nada, que lo único que puedo hacer es sentirme estúpida y humillada. Te he odiado y amado tanto por nada, que cuando resignada escondo tu recuerdo aún sigue devorándome la duda. Me pregunto por qué ahora después de tantos años me tienta enfrentarme a ti y a lo que la verdad conlleva, te he inventado demasiadas veces.
¡Tus ojos! ¡qué fácil sería pasar página sin tus ojos! Esa mirada atravesándome, esa expresión en tus pupilas mirándome fijamente, ¿tenían acaso sentido? ¿y por qué, dime. tu voz es aún tacto áspero en mi piel.

Unos ojos que hablan, y el eco en el que aún perduras mi alma.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Sabes que hizo frío, sabes que yo lo sé


No quise aburrirte con un texto convencional, no me interesaba contar una mentira, y ni siquiera expresé mi punto de vista. Escuché a todos, lamenté sus quejas y me valí de mi propia experiencia. Muchas de las ideas que componían el artículo las tome de sus propias bocas. Todo el mundo dijo ¡Qué frío!, se me encargó a mí el artículo, y yo lo conté.

¿No te gusta la verdad, o acaso crees que muestro una visión equivocada? ¿Debí limitarme a un par de frases acerca de lo interesante del relieve glaciar, con palabras falsas y empalagosas que luego nadie querrá volver a leer? En ese caso, todos los años valdría el mismo artículo. Mi relato es la anécdota que quedará para siempre en tu memoria, que olvidará si era de granito o gneis la cordillera, pero no la bruma y la nieve que encontramos en ella, lo cual, sucedió una vez y no más. Sin embargo, lo que más me molesta, es que ahora te atreves a tergiversar mis palabras y sostienes que me pasé, lo que me lleva directamente a una pregunta, ¿estás seguro de que has leído bien? Porque, mira que era bien difícil no captar el sabor agridulce de la ironía.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Espero que te guste

Antesdeayer me entretuve larga y tendidamente en que podría regalarte yo que no pudiera regalarte nadie. Algo a lo que siempre pudieras recurrir, algo que fuera de verdad, no una simple tarjeta con las fórmulas que todos conocemos.

Supongo que esto no te lo esperabas como supongo que tampoco te esperabas muchas otras cosas, sabes que te aprecio, pero lamento tener comunicarte que predecir el futuro no entra dentro de tus posibilidades.

Para empezar, eres tan buena que se te podría untar en pan y aun así sobrarías, y no estoy de acuerdo en que en todas las ocasiones ello se pueda considerar una virtud, piensa en qué le suele ocurrir a la nocilla cuando se sube a la tostada.

También hay que reconocer que tienes esa inaguantable alma misionera que se dedica a recoger gatitos de los tejados. A lo mejor sin ella no te hubiera conocido, porque sé que no ignoras esa parte felina mía, porque, volviendo al tema, últimamente, además de comportarte como una gallina que adopta pollitos, ahora has decidido comenzar los trámites para hacer lo suyo con el mundo.

Quizá ahora mismo tengas tiznada la cara con eso que tu llamas sonrisa. Y es que recapacitemos, en ocasiones me pregunto si hay alguien, mejor dicho, si puede haber alguien a quien le guste tanto dedicarse a pasearse por ahí con esa curva pintada en la cara. Reconócelo, abogada del globo terráqueo, ¡es tan fácil verte reír! ¿Qué harías si de repente te soltara que es esto lo que con letra apretada había en una arrugada servilleta verde (Capita por capita) y que ayer pretendías arrancármela de las manos? Ves, te lo dije, ya lo has hecho.

Lo cierto, es que en el fondo, eres un encanto, y que tanto yo como los gatitos, como los pollitos, como el agujero de la capa de ozono, como los del Green Peace, como el resto del cosmos, e incluidos esos marcianitos que dicen que no existen en Marte, sabemos que tanto si entra, como si no, dentro de lo humanamente posible, en cualquier hora y situación, sacarás tu capa de superman y vendrás a ayudarnos.

Asimismo verdad también es que a pesar de hablar como nadie, escuchas y aguantas como ninguno.

Quizás me equivoque pero razones no me faltan para imaginarte dentro de unos años en algún lugar remoto de África en labor humanitaria, o, a lo mejor en un centro de rehabilitación juvenil aleccionando a los adolescente acerca del modo más sano de vivir la vida, o en alguna manifestación revolucionaria en defensa de los derechos de las vacas en la compraventa de su leche.

Creo que solo me queda una cosa por decir,
¡Felicidades Paula!

martes, 27 de octubre de 2009

Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

(Francisco de Quevedo)

Este poema es uno de mis favoritos, pincipalmente en el primer terceto donde las palabras adquieren la fuerza del trazado con maestría. Siempre he admirado los sonentos y nunca me he atrevido con ninguno. Hoy en algún momento y sin darme cuenta, dejé que mis ojos vagaran entre hojas, y de repente, se quedaron inmóviles y clavados como estatuas. Leyeron estas palabras una y mil veces hasta quedarse satisfechos. De Quevedo diríamos que era un personaje peculiar, pero... ¡Hay que ver cómo escribía!

viernes, 23 de octubre de 2009

Viernes

Memoria me dice, aquel día fue viernes.
Explicarme no puedo, ni acaso enterderme
Sonríe la risa, no pienses que inerme
Prometio la espina ¡desdicha!, fue viernes.

miércoles, 21 de octubre de 2009

La crítica y el pájaro gigante



De la misma manera que unas extrañas marcas en la roca, tuvieron que escalar poquito a poco la montaña de las hipótesis, hasta dar con la cima de la teoría y ser consideradas hoy por hoy como huellas de un saurio terópodo, por el mismo proceso deberían pasar cada uno de los principios y opiniones que poseemos cada uno.

Para terminar llegando a la conclusión de que por allí había caminado un dinosaurio, si seguimos la línea del tiempo, obtendremos que en un principio eran simplemente unas marcas en el suelo, luego simplemente fueron unas extrañas marcas en el suelo y finalmente a alguien se le ocurrió reflexionar, y comparándolas con las que hace un pájaro en la arena, llego a la conclusión de que eran las huellas de un pájaro gigante. Esta hipótesis se fue adaptando a las diferentes culturas que cerca de allí se asentaron, así el gran pájaro pasó a ser un gran Dios y un Dios pequeño, fue víctima de desamores y de feroces guerras. De esta manera, los rastros en la roca fueron yendo de unas hipótesis a otras, yendo por el camino más razonable (y a veces volviendo sobre sus pasos) que cada momento otorgaba. Y de repente, un día, una persona escucha hablar sobre un suceso similar en otro lugar, llegan nuevas ideas con más fuerza. Se habla de reptiles gigantes, y más tarde de dinosaurios con tres dedos en cada pie. Parece estar todo muy claro, las huellas son del terrible reptil, ahora parece estar todo muy claro. Pero... ¿Y la primera teoría, la del gran pájaro gigante? ¿Merece la pena olvidarla? Hubo quien dijo que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, hay más allá en el horizonte por descubrir. Una nueva teoría emparenta a los dinosaurios como primos y antepasados de las aves.

¿No resulta curioso que algo tan banal como unos miserables surcos en la tierra, puedan haber llegado a florecer en semejantes teorías? Tan sólo después de observar, escuchar y criticarse, se ha podido acercarse un poco más a la verdad. De este modo, mientras los interrogantes puedan hablar, la curiosidad pueda prosperar, y mientras haya alguien con ideas nuevas que contar, el pensamiento, los sueños y hasta la realidad, encontraran nuevas maneras de evolucionar. Y del mismo modo que se llega a una teoría cada vez más acertada, nuestra percepción de la realidad nunca debe estancarse, sino fluir por los instantes del tiempo, rápida pero sin prisa, como un junco se mece al compás del viento, y como se dobla ante el redundante huracán.

(Se admiten críticas, hay quien dice que la piedra de la foto no es un fosil, pero para mí siempre será Piedrecito. Mi amuleto.)

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