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martes, 10 de enero de 2012

Siddhartha (Hermann Hesse)

He decidido, abrir una pequeña sección de lecturas. Me gusta leer, en realidad, me apasiona. Me encanta empaparme de palabras y sentir en mi propia piel las historias de otros, aventuras que nunca viviré, sentimientos que jamás albergaré, locuras que jamás cometeré. Por ello, quizá mi mayor defecto en este campo, es que tiendo a devorar libros, apenas los mastico, apenas los digiero. Luego, me cuesta recordarlos, y olvido lo que aprendí de ellos.

Por todo eso, hoy levanto el telón y salgo al escenario para hablar de lo que otros escribieron, y acabó cayendo en mis manos

Siddhartha no es un libro largo. Siddhartha no enreda frases y tiene un estilo sencillo. Es un cuento, tal vez una fábula, una metáfora. Es una búsqueda de lo esencial, de lo importante de lo que da sentido. Nos habla de un joven que lo abandonó todo para encontrarse a sí mismo, que no quiso más maestro que la vida misma, que se entregó a la virtud y después al vicio, al placer y al sufrimiento, y finalmente al amor

Es, sobre todo, una novela de varias lecturas. En la primera tenemos una historia, en la segunda nos topamos con un filósofo, o quizás con más de uno. Seguimos al príncipe, al monje, al mendigo, al mercader avaro y al apacible barquero. Perseguimos al niño, al adolescente, a la madurez y a su vejez. Y todo esto en medio de lejanas tierras, a la sombra de árboles como cocoteros y bananos, en un mundo oriental que se abre a nuestros ojos a la vez extraño y maravilloso.

Personalmente, es la primera vez que alguien me acerca a Buda, no como algo ajeno y místico, sino como la persona, como el maestro que fue, y lo que influyó allá por donde anduvo. Hesse admiraba su figura, y como tal nos la presenta. No es el centro de la novela, pero sí su periferia. Y ha sido realmente interesante contemplarle con los ojos de un cuento, su forma de moverse, de hablar, de expresarse. Probablemente termine investigando más sobre él pro mi cuenta.

Este no es un libro que haya devorado, lo he leído despacio, con detenimiento, escuchando una a una las preocupaciones de Siddhartha, y aprendiendo con él, dejándome llevar por las vueltas y revueltas de su pensamiento, y sonriendo cada vez que encontraba su camino gracias a la sílaba Om. Al final, lo extraño y lo mágico siempre se descubre en las cosas más pequeñas.

Acabé abriendo este libro, porque dos personas me lo recomendaron un día. Ellos decían que les había cambiado la vida. Yo no me atrevo a hablar en tan grandes términos, pero sí es un libro que he leído con gusto, que no ha movido mis emociones, pero que me ha abierto las puertas a otras concepciones del mundo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Épica Aplicada


Que suba al barco el valiente. A bordo que suba el intrépido. Temerarios suban arriba, que en tierra dejamos al miedo. Que suba al barco el de ciencias. También a bordo el de letras. Todo aquel que ría o llore, todo aquel que sienta emoción. Aquellos a quienes llame la aventura ¡bienvenidos a la tripulación!

La nave que zarpa es el Argos. Jasón ha reunido a los héroes. ¿Nuestro rumbo? El honor y la nota. El himno es la canción del pirata. La bandera, un boli y un típex.

El océano que se abre es glacial. Feroces nos vienen las olas. ¡Ah! pero nosotros somos osados, nosotros estamos unidos. Atención que llegamos a puerto, donde espera nuestro primer enemigo. Y allí estaba. Es grande, es enorme, y sobre todo es larguísimo ¡Es todo un examen de lengua tipo selectividad! No pudimos evitar el enfrentamiento, a su lado no somos más que David, luchando contra el imponente Goliat. Sus pies son morfología, sus piernas terror y sintaxis. Por estómago un comentario de texto, por cabeza tres mil argumentos. Baroja es su espada afilada, Lorca la sangre en sus venas. Galdós le prestó su mirada, y a Bécquer le rima palabras. Pero nosotros no somos David, y Lengua no es el pequeño Goliat, sino todo un dios, Cronos, el del condenado tiempo. No pudo con nosotros, somos rápidos y audaces. Vencimos, y allí, con el cadáver de Cronos aún caliente a nuestros pies, hemos de adentrarnos en el terrible laberinto donde se esconde su hermano gemelo. Cabeza de toro, dos astas de fuego, el mundo entero bajo su dominio. Fuerte habéis de sujetar las armas, que el laberinto está en Creta, y acabar con el minotauro Inglés es nuestra siguiente gran hazaña.

¿Tembláis ante las puertas del laberinto? ¿Habéis visto las velas negras cuando llegábamos a puerto? Son los catorce jóvenes atenienses que cada año se merienda la bestia. ¿Acaso vamos a dejar que continúe esta injusticia? ¡A tiempo estáis de dar marcha atrás! Lanzarote, tú entras conmigo. ¡A mí, el rey Arturo y su mesa! Teseo, ata ya el hilo que te dio la hermosa Ariadna, que si vivos matamos al monstruo, la aventura no acabemos perdidos.

¡No hay quien entienda este Reading! Deprisa, derecha o izquierda. Y en el Writing ¿y si me equivoco de tema? ¡No dudes, tú sigue adelante! “Capitán,” me llamas, “quiero darme la vuelta.” Tarde lo dices, ¿no hueles su aliento? ¿No oyes a Shakespeare? Poe camina en silencio, nos mira y ríe burlesco. Huir no puedes ahora, a Inglés enfrente tenemos.

Excálibur se clava en su espalda, ¡Bravo, respuesta correcta! Del Grammar victoriosos salimos. Estudiantes, un hurra por nosotros. Librada está Atenas de su terrible tributo.
¡Oh! ¡Cuántos cantares de gesta! ¡Cuántos romances se escribirán sobre nosotros! ¡Cuántas generaciones admiraran nuestro valor! ¡Y cuántas nos odiaran por haber aumentado su temario histórico y literario!
A la Gorgona hemos enfurecido, de los dos gemelos era ella aliada. Quiere vengarse de nosotros la infame Matemáticas, amante de las letras “a”, “b” y “c”, y madre misteriosas “x”, “y” y “z”.

Matemáticas es nuestra medusa, nuestra arpía y nuestra serpiente, nuestra sombra de dos caras, monstruo que hay que matar o dos veces o al menos una, pero bien. Camaradas cayeron en sus garras creyendo haber vencido cuando no, ¡Un minuto de silencio por los caídos! Los engañó la matriz, no de la que nacieron, sino la de la pérfida Matemáticas.

Tuvimos luego dos días para prepararnos, porque allí al fondo del abismo nos esperaban veintiocho siglos de España, confundiéndose, retorciéndose, un monstruo viejo, pútrido y demente, pero sobre todo, inmenso. Sobre él elevamos nuestro cayado y rogamos al cielo, ¡qué poco nos escuchó! Historia es el mar Rojo, rojo de la sangre de cuantos quisieron cambiar su rumbo y perecieron sin haber sido oídos. Hundimos el cayado en el agua y entonces ocurrió, se abren las aguas y a ambos lados paredes de olas rojas amenazando con caer sobre nuestras cabezas. Pero no tenemos otra opción, es o la posibilidad de la tierra prometida al final del pasillo, o la más horrible de las muerte, lenta y dolorosa, a manos de las hermanas Recuperaciones, Trimestre, Junio y la más maligna de todas, la que con sólo pronunciar su nombre produce escalofríos y da mala suerte: Lady Septiembre.

¿Qué qué es la tierra prometida? ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Cuál iba a ser sino el más maravilloso don del paraíso? ¡El fin de todos los sufrimientos! ¡Verano! ¡Calor! ¡Piscina! La gloria para algunos, esperanza para otros. Dulces y cálidos meses libres del ejercicio de la memoria y el estudio, ¿qué más puede querer el pequeño y demacrado estudiante tras tantas cruentas y a veces malogradas batallas?
¡Oh no, cuidado! ¡Un orbital sp3! ¡Peligro, nos rodean un ejército de carbonos! ¡Química nos ha tendido una emboscada! Levántate soldado y mira al frente, ¿ves al miedo? Está allí ante tus ojos, no tiembles ante él ¡Qué nadie huya! ¡Caminad unidos! Que por cada culombio que se nos acerque, caigan las cabezas de mil trece pascales ¡Muerte a la unidad de medida! ¡Qué pasen todas por el filo de nuestras calculadoras! ¡Formulad mis valientes!

¡Esto no puede ser! ¡Demasiados frentes abiertos! ¿Dónde están aquellos que sueñan con elevar maravillas? ¿Dónde, nuestros mejores ingenieros? Me comunican que tomaron una balsa y se hallan en la isla de Calipso. Dibujo Técnico se ha enamorado de ellos y no los deja marchar. Artimañas no le faltan, de su mano indescifrables enunciados, les cercan endemoniadas tangentes. Las perspectivas les han hechizado y olvidaron sus puntos de vista. ¡Armaos pues, camaradas! ¡Coged cartabón y escuadra! De la ninfa exigimos respuesta, o nos devuelve a ellos o en ello pierde la vida.

Dibujo con compás amenaza. De su isla que salga quien quiera, pero a aquel que con ella se quede, recibe juventud, vida eterna.

¡Marineros volvamos al Argos! ¡Qué nadie se quede en la isla! Los sueños quedaron en Ítaca, y a ella volvemos con ellos. Allí nos espera la gloria, allí el honor y la nota. ¿Quién quiere vivir para siempre, si el precio es vivir entre líneas? ¿Quién quiere ser joven por siempre, echando sus sueños por tierra? Calipso es hermosa, no hay duda, Calipso, la isla y su luna. Del estudiante su sino es su lucha, y larga ha sido la nuestra. Compañeros subamos al barco, que Dibujo no es más que una estrella, triste y sola en el cielo nocturno.
El Argos surca ahora los mares. Jasón recuenta a los héroes. Atalanta, Heracles, Aquiles. Pólux, ¿dónde está Cástor? Perseo, ¿y Héctor y Eneas? Caídos han en batalla, sus gestas serán recordadas, la muerte segó su guadaña, Caronte los lleva en su barca.

Caballeros, miradme a los ojos. Sentid mi furia y mi rabia. De un lado el vellocino de oro, Verano, Ítaca, el descanso. allí nos premian laureles, pero no lavarán nuestra alma. Preciso es que cambiemos de rumbo. Salvemos a nuestros valientes, ¡seguidme otra vez con coraje! ¡Dirijámonos pues al Averno!
Del infierno las puertas se abren, entrando todos los héroes. Azufre se huele en el aire y al fondo todos los muertos. Caronte ha pedido su precio, dos monedas allí le ofrecimos. “Cuidado”, nos dice en susurros. “Cuidado que vivos estáis. El Hades lo guarda un perro y Biología se hace llamar.”

Atentos que son tres cabezas, Nutrición, Relación, y Reproducción. Conoce de nosotros, secretos, y sabe de cómo matar. La ciencia que estudia la vida, ¡qué bien la sabe acabar! Adelante todos los médicos, al frente de ellos, Asclepio. ¡Peligro con su saliva! ¡Cuidado, proteína asesina! Se sabe las reglas de Darwin, aminoácidos de memoria recita, pero en lo nuevo, la discordia es quien surge, y nosotros, equipo, estamos unidos.

Hipólita va a clavarle la espada. Cuando en esto, es Hades quien entra. Admirado está del arrojo que muestran los héroes del Argos. “Deteneos aquí, guerrilleros, Biología es mi buen cancerbero. Si bien, como sé, no es perfecta, al menos en ello se esmera. Sacar de mis tierras queréis, a los muertos que ayer enterrasteis. Pues bien aquí están las reglas, las mismas que tuvo Orfeo. Que del Hades a los vuestros saquéis, si al salir no giráis la cabeza. Atención que parece que es fácil, pero Filosofía os franquea el camino.”

¡Estudiantes, alzad la cabeza! La victoria nos espera a un paso. Si del infierno todos salimos, al suspenso hablemos vencido. Camaradas, creamos a Hades, la mirada siempre al frente.

La salida custodian filósofos. Sócrates, ironía y mayéutica, Platón, con su mundo de ideas, Aristóteles, arete incluida, atacan nuestras huestes mortales. San Agustín y Aquino, ante tanto pagano incómodos, preguntan que por qué nos llevamos lo que es de Dios y del Cielo. Descartes, que amaba a medusa, aquella a quien dimos la muerte, sentencia con voz y tinieblas, que del final uno no puede esconderse. Kant y su libertad postulada, no logran detener nuestra marcha.

Hume entorpece el sendero, “¡Largo!” a él le decimos, “¡largo, no nos das miedo!” El empirista replica insolente. “¿Creéis que os siguen los muertos? ¿Cómo, si no los habéis visto? Es cierto que oís sus pasos, pero no es más que percepción imprudente. Preciso es daros la vuelta y comprobar que no os han engañado.”

¡Caballeros, que la luz ya se ve! ¡Guerreros no desviéis la mirada! Diez metros nos separan del alba, diez del honor y la nota. ¡Filósofos apartaos de la entrada! ¡Atrás dejaremos la gruta! ¡Diez metros y atrás el infierno! Sé que estamos cansados y algunos han sido heridos. Sé que es dura aventura, pero en el error de Orfeo no caigáis. Sé que del viaje estáis exhaustos, mas pronto el final nos espera. Mis valientes, manteneros muy firmes y de Filosofía no os dejéis embaucar.

Subid, camaradas, al barco. A bordo tendremos festín. Corazón, cabeza y coraje, demostramos a lo largo de exámenes. Subid, que volvemos a casa. Ya cerca está el fin del trayecto. Compañeros dejamos el Argos, un placer combatir con vosotros. Las cicatrices de las batallas, recuerdan cientos de historias. Nunca olvidéis este viaje, que juntos decidimos tomar. Nunca lamentéis la partida, que hazañas os han de llegar. Bajad que este puerto es Verano, bajad con el honor y la nota. Suerte si en el camino, volvemos otra vez a cruzar.

sábado, 23 de enero de 2010

Amadís de Gaula

Cuando me hablaban de los libros de caballerías, yo pensaba en el Quijote. En su momento fueron las estrellas del rock del siglo XVI, levantando pasiones y lágrimas, pero sobre todo revitalizaron unos ideales que se estaban perdiendo como la defensa de los débiles o el amor cortés hacia la dama,y gracias a Cervantes, el único género clásico con el que soñaron pobres y ricos, quedó relegado al rincón de la burla y la parodia. Es cierto que los caballeros andantes a menudo actúan como soñadores ilusos y normalmente como completos idiotas, pero oye, ya sabían que seguramente iban a tener suerte.

A finales de la semana pasada cayó en mis manos una edición actualizada del Amadís de Gaula. Empecé el libro, leí dos páginas y lo siguiente que me pregunté fue dónde había estado ese libro toda mi vida. Había miradas de soslayo, flechazos, ideales perdidos, sueños y aventuras de leyenda, había promesas y esperanzas y una ridícula sensación de que todo iba a salir bien, aun cuando las estadísticas digan lo contrario. Para quienes no lo sepan, Amadís a día de hoy sigue sin morir, se hicieron más de diez continuaciones de los primeros libros y en varios idiomas, sólo un autor castellano se atrevió a mandarlo a la tumba, y la reacción de los lectores fue tal, que el autor y la obra quedaron relegados al olvido.

En toda la novela, hay más personajes que páginas, lo que me lleva a pensar seriamente si el escritor se creería que existía la posibilidad de que el lector se iba a quedar con todos los nombres. No existe un hilo narrativo definido y hay una cierta idealización del género humano reflejada en las múltiples muestras de caballerosidad exagerada de la historia. Otra de las cosas que más me ha llamado la atención fue el poco aprecio que el caballero siente por su caballo, a la mínima de cambio, dice ya y lo cambia.

Recuerdo cierta ocasión, en la que el caballero andante sin tener ninguna razón especial para hacerlo, se sienta en una piedra y se echa a llorar gimiendo por la ausencia de su amada a lágrima viva, tanto es así que su escudero se vergüenza de verle así y le pide que se recomponga. Luego Amadís se enfada y llega incluso a amenazarle con la muerte por no comprender su amor por ella.

A pesar de todo, leer el Amadís de Gaula es un recorrido hacia atrás en el tiempo. Puede que sea idiota, tonto de remate, excesivamente inocente y un idealista de cuidado de los que te atraviesan con la espada si no se piensa como ellos, y sin embargo... es un caballero andante, con principios sólidos, seguridad, valentía, honradez, dulzura y lealdad a todo ello. Los libros de caballería son novelas llenas de suerte, estupideces, fantasía y buena voluntad.

Seamos sinceros, ¿quién no ha soñado nunca con el amor puro y firme de un caballero? ¿y quién no ha soñado alguna vez con realizar épicas que demuestren que se tenía alguna finalidad en la vida? ¿o quién no ha deseado luchar contra el mal o superarse a sí mismo realizando imposibles?

¿Quién no se ha imaginado alguna como algún personaje de los libros de caballerías?

martes, 27 de octubre de 2009

Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

(Francisco de Quevedo)

Este poema es uno de mis favoritos, pincipalmente en el primer terceto donde las palabras adquieren la fuerza del trazado con maestría. Siempre he admirado los sonentos y nunca me he atrevido con ninguno. Hoy en algún momento y sin darme cuenta, dejé que mis ojos vagaran entre hojas, y de repente, se quedaron inmóviles y clavados como estatuas. Leyeron estas palabras una y mil veces hasta quedarse satisfechos. De Quevedo diríamos que era un personaje peculiar, pero... ¡Hay que ver cómo escribía!

domingo, 21 de junio de 2009

La vida es sueño

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ficción,
una sombra, una ilusión,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

(Segismundo en La vida es sueño, de Calderón de la Barca)

Lo siento, nada más leerlo tuve el impulso de colgarlo. Ni siquiera he terminado de leer la obra, pero... supongo que con la cierta clase de tinta en la que escribieron estos versos, que es capaz de cruzar siglos y navegar por el tiempo, enredándose en los hilos del universo; se ha deslizado entre mis dedos, colándose donde habite la verdad y la mentira, sin saber que es sueño y es verdad.

lunes, 13 de abril de 2009

Romances de Zamora

Aquí un pequeño retazo para romances que llevan más de cinco siglos dormidos. Espero que os gusten. Estos trocitos provienen de los romances que narran la leyenda del cerco de Zamora. Las imágenes las he hecho yo con mi cámara el verano pasado. He aquí un rinconcito para la ciudad de Zamora y su historia semi olvidada.



Allá en tierra leonesa

un rincón se me olvidaba,

Zamora lleva por nombre,

Zamora, la bien cercada.

(Romance de Doña Urraca, Anónimo.
Ciudad de Zamora desde el Duero)
-Yo os reto, zamoranos,

por traidores fementidos,

reto a todos los muertos,

y con ellos a los vivos;

reto hombres y mujeres,

los por nacer y nacidos;

reto a todos los grandes,

a los grandes y a los chicos,

a las carnes y pescados,

y a las aguas de los ríos.

(Romance del reto a los Zamoranos, Anónimo.
Cúpula de la catedral invadida por las cigüeñas.)



¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,
no digas que no te aviso,

que de la ciudad de Zamora
un alevoso ha salido;

llámase Vellido Dolfos,
hijo de Dolfos Vellido,

cuatro traiciones ha hecho,
y con esta serán cinco.

Si gran traidor fue el padre,
mayor traidor es el hijo.

(Romance del cerco de Zamora, Anónimo.
Imagen del portillo de la traición)

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