lunes, 5 de octubre de 2009

Hay ojos en las estrellas

La vida últimamente se ha dedicado a burlarse de mí. Hoy me ha sadado la lengua, sólo he tenido que tirar de ella y la vida ha vuelto a mí. Entre la duda y la indecisión se pierden la mayoría de las oportunidades, echan a volar los mejores sueños y se desestiman las esperanzas. Reflexionar siempre es conveniente, siempre y cuando no se haga demasiado y se comience a dudar de las conclusiones.

Me gusta pensar que no hay nada que si me lo propongo no pueda llegar a hacer, que si ofreces las suficientes ganas y esfuerzo no hay nada que te impida volar. Lamentablemente, no es una regla infalible, por mucho que lo lo intente, empujando no podre mover una montaña, pero funciona en muchas más ocasiones de las que uno cree.

La luna me mira y esconde su pálido rostro entre la niebla. Una vez se equivocó y fue mala consejera. La tuve por talismán y hoy brilla igual que ayer. Vuelve el instinto que me perdió una vez, y que misteriosamente, hoy, acaba de renacer de sus cenizas. Me pregunta, ¿y por qué no? podría responderle de una y mil maneras. Mi boca se cierra, hay ojos en las estrellas

viernes, 2 de octubre de 2009

Y creí

Creía en el mundo, de verdad que sí.
Creía en la luz y en un mañana, yo era esperanza, yo era sueños.

Yo creía en el alma y en una estrella, fui un deseo.
Y en la justicia, y en la libertad. Creía en quimeras.
Mientras fui ave en vuelo, también fui ilusión.
Creí en la vida, creí en la razón y el ser humano y como polvo, se escurrió entre mis dedos.
Creía en bellas historias, y fueron leyendas.
Confiaba en el mundo. Lo di todo por una sonrisa

No sirvió de nada.
Y ahora, entre mis dos ojos,
la sombra de la tristeza
será condena eterna.

viernes, 28 de agosto de 2009

No hay por qué

Creo que no hay nada más hermoso que amar sin tener apenas motivos. Escoger de entre todos los árboles, no al más alto ni al más pequeño, ni al más verde o frondoso, sino a aquel que sin destacar sobre los otros, oculto a simple vista, por puro instinto te atrapa y te desconcierta. No tienes razones de peso para sentarse a su sombra, y sin quererlo, lo haces, habrá otras mejores y con más mullida hierba, y lo sabrás pero no irás. Porque ese es TU árbol, y aunque sea anodino, mustio o sombrío, tiene algo que no sabrás explicar y si te fueras, lo llamarías traición. Si extrapolamos el tema de los árboles y lo llevamos a pueblos, personas o animales, quizá podamos entender cómo el ser humano es capaz de creer en lo imposible y de defender lo que llevado fuera de su contexto resulta irracional. Esos detalles efímeros y quizá inútiles que clavan sus garras en el alma y terminan por formar parte de ella nos hacen quienes somos. Y cuando llega el hedor del olvido termina por desgajarse una parte de ella.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Mirar las estrellas


Nunca supe cuándo ni cómo llegó, cuánto tiempo llevaba allí quieto espiándome o qué fue lo que pensó de mí en esos instantes. Se acercó a mí por detrás, con el sigilo de un gato, lentamente. Tanto, que aún estando yo alerta, no me percaté de su presencia. Solo le vi cuando por un soplo de casualidad, giré la cabeza y allí estaba. Se tuvo que oír como mi corazón se paraba y volvía a su trabajo con más fuerza, mis ojos se abrieron de par en par y una oleada de pánico me inundó el pecho. Volví a mirar al frente, imaginando que se marchaba o que tan sólo era una jugarreta de mi mente, con mis latidos totalmente desbocados

-¿Qué haces?-preguntó una voz sorprendida a mis espaldas, con un timbre suave y dulce, grave y armonioso en la noche, como el susurro del viento o el raspar de las olas en la arena.

Algo raro ocurrió en mí, algo que me hizo actuar de forma poco corriente. Me embargaba una misteriosa sensación de seguridad y misterio, de hechizo y ensueño, tal vez mágica.

Lentamente alcé la vista hacia donde se encontraba. Estaba demasiado oscuro y apenas pude definir sus rasgos. Era alto, más aún que yo, vestía ropas oscuras y su silueta era delgada. Tenía el pelo corto y se reflejaba castaño, los ojos muy grandes y me miraban fijamente.

Mis labios fueron cautelosos y decididos esta vez, impregnando mi voz de un extraño desafío.

-Mirar las estrellas

Esas fueron exactamente mis palabras.

viernes, 31 de julio de 2009

La Máscara Verde

Os presento al que sin duda será mi personaje del año, la Máscara Verde. Un bandido, un canalla, un tramposo, mentiroso y sin embargo, casi un héroe. Los otros se revelan y no son amos de si mismos, se niegan, pobres indecisos, mientras que la Máscara es un ser seguro en la ley de que el fin justifica los medios, no duda ni vacila, si puede, como un cobarde huirá del peligro, pero a la hora de la verdad demuestra que lo que ciertamente le falta, no son las agallas.

La Máscara es el punto de unión entre la presentación y el nudo, un punto de apoyo decisivo que me descubrirá entre tantos otros el único camino que me llevará al desenlace, la manera de contar la historia y el género de la novela.

Y ahora dudo, aunque con su personalidad arrolladora mi enmascarado sea el personaje más colaborador de la historia (en lo que a ideas se refiere es igualito que un huracán). Curioso, tengo miedo y vacilo. Muy curioso. Tanto tiempo deseando continuar, y ahora que puedo, hay duda sembrada en mi camino.

martes, 21 de julio de 2009

La consulta de la oca


*-Doctor, doctor, tengo un problema.
-Buenas noches, siéntese ¿Que le ocurre?
-Algo horrible, imagínese, algo que no se puede usted ni imaginar.
-Entiendo, ¿y qué es?
-No descansa ni para dormir, me estresa, me embelesa, me vuelve loca, no tiene sentido y teniéndolo quiere tenerlo. No quiere querer, no quiere reír, ni siquiera hablar. Apenas puede sentir y lo quiere sentir todo. Susurra... ¡Si, siempre en mi oído! Siempre atenta, siempre al acecho... Créame, es ciertamente un incordio, no se lo recomiendo a nadie. Un ser caprichoso y traicionero que de algún modo ha conseguido vivir en mí.
-¿Perdón?
-Señor, jugando a la oca me he perdido en el laberinto.
-¿Qué?
-De acuerdo, se lo diré- respiro hondo y pongo cara de circunstancia- Doctor... tengo una historia en la cabeza.
-Disculpe, tengo entendido que eso es un problema grave, pero no creo que en esta consulta arreglemos nada, necesita un especialista, por el momento le aconsejo que la escriba.
-Es que en la posada me dejé las palabras, ya sabe un turno sin tirar y ya tienes tantas ganas de salir que te olvidas de cosas importantes... ¡Ay que ver, siempre caigo en esa casilla!
-La entiendo, la última vez me dejé la cartera en el pozo, pasaron muchos turnos hasta que alguien pudo por fin sacarme ... ¿Que va usted a hacer?
-De momento... esperar lo que me queda hasta en este infierno verde hasta encontrar la salida, atar unos cuantos cabos, caer en la muerte para regresar al punto de partida, sacar un seis, dejarme arrastrar por la corriente, recoger lo que me dejé en la posada... y con mucha suerte, todavía podré llegar al final de la partida sin caer en ocas o en dados.
-¿Y eso por qué? Terminaría antes.
Me encojo de hombros
-Ya sabe, despacito y con buena letra. Jugamos dos y la historia manda. No descartamos darnos otra vuelta antes de ganar la partida.
El doctor asiente lentamente.
-Será una lenta recuperación*

jueves, 2 de julio de 2009

Describiendo a Nadie

Hacía tiempo que la hora de las paranoias de Nadie no llegaba a las doce, no es mi mejor campo, pero tengo que reconocer que con un poco de ironía y algo de vanidad por mi parte, que si al lector no se le escapa una sonrisa, al menos podré reir yo por los dos.

Vereis creo que nunca os he contado quien soy. Para empezar, Nadie es la persona más alta del mundo, en realidad tiene complejo hegemónico de altura y aunque me saques dos cabezas, sin duda tendrás que admitir que Nadie mide más que tú. Nadie puede volar, literalmente hablando, puesto que por dentro es solo helio, ¿cómo si no iba a poder llegar al pequeño chalet que se ha construido sobre las nubes? Y es que Nadie vive una doble vida de noche cuando sueña, porque los sueños de nadie no estan vacíos de sensaciones, sino repletos de los seis sentidos, ver para creer, oír para preguntar, el gusto para morder, olfato para perseguir, tacto para abrazar y el común para dudar si esto es sueño o realidad.

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