domingo, 15 de mayo de 2011
El gran teatro
Y yo, no más que un actor.
El telón ni se abrió cuando yo vine
Ni bajará cuando yo muera.
El guión aún no está escrito,
Todo es improvisación.
Entonces sólo queda esperar
Hacer bien el propio papel
Y despedirse con un gran final.
jueves, 5 de mayo de 2011
Épica Aplicada
Que suba al barco el valiente. A bordo que suba el intrépido. Temerarios suban arriba, que en tierra dejamos al miedo. Que suba al barco el de ciencias. También a bordo el de letras. Todo aquel que ría o llore, todo aquel que sienta emoción. Aquellos a quienes llame la aventura ¡bienvenidos a la tripulación!
La nave que zarpa es el Argos. Jasón ha reunido a los héroes. ¿Nuestro rumbo? El honor y la nota. El himno es la canción del pirata. La bandera, un boli y un típex.
El océano que se abre es glacial. Feroces nos vienen las olas. ¡Ah! pero nosotros somos osados, nosotros estamos unidos. Atención que llegamos a puerto, donde espera nuestro primer enemigo. Y allí estaba. Es grande, es enorme, y sobre todo es larguísimo ¡Es todo un examen de lengua tipo selectividad! No pudimos evitar el enfrentamiento, a su lado no somos más que David, luchando contra el imponente Goliat. Sus pies son morfología, sus piernas terror y sintaxis. Por estómago un comentario de texto, por cabeza tres mil argumentos. Baroja es su espada afilada, Lorca la sangre en sus venas. Galdós le prestó su mirada, y a Bécquer le rima palabras. Pero nosotros no somos David, y Lengua no es el pequeño Goliat, sino todo un dios, Cronos, el del condenado tiempo. No pudo con nosotros, somos rápidos y audaces. Vencimos, y allí, con el cadáver de Cronos aún caliente a nuestros pies, hemos de adentrarnos en el terrible laberinto donde se esconde su hermano gemelo. Cabeza de toro, dos astas de fuego, el mundo entero bajo su dominio. Fuerte habéis de sujetar las armas, que el laberinto está en Creta, y acabar con el minotauro Inglés es nuestra siguiente gran hazaña.
¿Tembláis ante las puertas del laberinto? ¿Habéis visto las velas negras cuando llegábamos a puerto? Son los catorce jóvenes atenienses que cada año se merienda la bestia. ¿Acaso vamos a dejar que continúe esta injusticia? ¡A tiempo estáis de dar marcha atrás! Lanzarote, tú entras conmigo. ¡A mí, el rey Arturo y su mesa! Teseo, ata ya el hilo que te dio la hermosa Ariadna, que si vivos matamos al monstruo, la aventura no acabemos perdidos.
¡No hay quien entienda este Reading! Deprisa, derecha o izquierda. Y en el Writing ¿y si me equivoco de tema? ¡No dudes, tú sigue adelante! “Capitán,” me llamas, “quiero darme la vuelta.” Tarde lo dices, ¿no hueles su aliento? ¿No oyes a Shakespeare? Poe camina en silencio, nos mira y ríe burlesco. Huir no puedes ahora, a Inglés enfrente tenemos.
Excálibur se clava en su espalda, ¡Bravo, respuesta correcta! Del Grammar victoriosos salimos. Estudiantes, un hurra por nosotros. Librada está Atenas de su terrible tributo.
¡Oh! ¡Cuántos cantares de gesta! ¡Cuántos romances se escribirán sobre nosotros! ¡Cuántas generaciones admiraran nuestro valor! ¡Y cuántas nos odiaran por haber aumentado su temario histórico y literario!
A la Gorgona hemos enfurecido, de los dos gemelos era ella aliada. Quiere vengarse de nosotros la infame Matemáticas, amante de las letras “a”, “b” y “c”, y madre misteriosas “x”, “y” y “z”.
Matemáticas es nuestra medusa, nuestra arpía y nuestra serpiente, nuestra sombra de dos caras, monstruo que hay que matar o dos veces o al menos una, pero bien. Camaradas cayeron en sus garras creyendo haber vencido cuando no, ¡Un minuto de silencio por los caídos! Los engañó la matriz, no de la que nacieron, sino la de la pérfida Matemáticas.
Tuvimos luego dos días para prepararnos, porque allí al fondo del abismo nos esperaban veintiocho siglos de España, confundiéndose, retorciéndose, un monstruo viejo, pútrido y demente, pero sobre todo, inmenso. Sobre él elevamos nuestro cayado y rogamos al cielo, ¡qué poco nos escuchó! Historia es el mar Rojo, rojo de la sangre de cuantos quisieron cambiar su rumbo y perecieron sin haber sido oídos. Hundimos el cayado en el agua y entonces ocurrió, se abren las aguas y a ambos lados paredes de olas rojas amenazando con caer sobre nuestras cabezas. Pero no tenemos otra opción, es o la posibilidad de la tierra prometida al final del pasillo, o la más horrible de las muerte, lenta y dolorosa, a manos de las hermanas Recuperaciones, Trimestre, Junio y la más maligna de todas, la que con sólo pronunciar su nombre produce escalofríos y da mala suerte: Lady Septiembre.
¿Qué qué es la tierra prometida? ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Cuál iba a ser sino el más maravilloso don del paraíso? ¡El fin de todos los sufrimientos! ¡Verano! ¡Calor! ¡Piscina! La gloria para algunos, esperanza para otros. Dulces y cálidos meses libres del ejercicio de la memoria y el estudio, ¿qué más puede querer el pequeño y demacrado estudiante tras tantas cruentas y a veces malogradas batallas?
¡Oh no, cuidado! ¡Un orbital sp3! ¡Peligro, nos rodean un ejército de carbonos! ¡Química nos ha tendido una emboscada! Levántate soldado y mira al frente, ¿ves al miedo? Está allí ante tus ojos, no tiembles ante él ¡Qué nadie huya! ¡Caminad unidos! Que por cada culombio que se nos acerque, caigan las cabezas de mil trece pascales ¡Muerte a la unidad de medida! ¡Qué pasen todas por el filo de nuestras calculadoras! ¡Formulad mis valientes!
¡Esto no puede ser! ¡Demasiados frentes abiertos! ¿Dónde están aquellos que sueñan con elevar maravillas? ¿Dónde, nuestros mejores ingenieros? Me comunican que tomaron una balsa y se hallan en la isla de Calipso. Dibujo Técnico se ha enamorado de ellos y no los deja marchar. Artimañas no le faltan, de su mano indescifrables enunciados, les cercan endemoniadas tangentes. Las perspectivas les han hechizado y olvidaron sus puntos de vista. ¡Armaos pues, camaradas! ¡Coged cartabón y escuadra! De la ninfa exigimos respuesta, o nos devuelve a ellos o en ello pierde la vida.
Dibujo con compás amenaza. De su isla que salga quien quiera, pero a aquel que con ella se quede, recibe juventud, vida eterna.
¡Marineros volvamos al Argos! ¡Qué nadie se quede en la isla! Los sueños quedaron en Ítaca, y a ella volvemos con ellos. Allí nos espera la gloria, allí el honor y la nota. ¿Quién quiere vivir para siempre, si el precio es vivir entre líneas? ¿Quién quiere ser joven por siempre, echando sus sueños por tierra? Calipso es hermosa, no hay duda, Calipso, la isla y su luna. Del estudiante su sino es su lucha, y larga ha sido la nuestra. Compañeros subamos al barco, que Dibujo no es más que una estrella, triste y sola en el cielo nocturno.
El Argos surca ahora los mares. Jasón recuenta a los héroes. Atalanta, Heracles, Aquiles. Pólux, ¿dónde está Cástor? Perseo, ¿y Héctor y Eneas? Caídos han en batalla, sus gestas serán recordadas, la muerte segó su guadaña, Caronte los lleva en su barca.
Caballeros, miradme a los ojos. Sentid mi furia y mi rabia. De un lado el vellocino de oro, Verano, Ítaca, el descanso. allí nos premian laureles, pero no lavarán nuestra alma. Preciso es que cambiemos de rumbo. Salvemos a nuestros valientes, ¡seguidme otra vez con coraje! ¡Dirijámonos pues al Averno!
Del infierno las puertas se abren, entrando todos los héroes. Azufre se huele en el aire y al fondo todos los muertos. Caronte ha pedido su precio, dos monedas allí le ofrecimos. “Cuidado”, nos dice en susurros. “Cuidado que vivos estáis. El Hades lo guarda un perro y Biología se hace llamar.”
Atentos que son tres cabezas, Nutrición, Relación, y Reproducción. Conoce de nosotros, secretos, y sabe de cómo matar. La ciencia que estudia la vida, ¡qué bien la sabe acabar! Adelante todos los médicos, al frente de ellos, Asclepio. ¡Peligro con su saliva! ¡Cuidado, proteína asesina! Se sabe las reglas de Darwin, aminoácidos de memoria recita, pero en lo nuevo, la discordia es quien surge, y nosotros, equipo, estamos unidos.
Hipólita va a clavarle la espada. Cuando en esto, es Hades quien entra. Admirado está del arrojo que muestran los héroes del Argos. “Deteneos aquí, guerrilleros, Biología es mi buen cancerbero. Si bien, como sé, no es perfecta, al menos en ello se esmera. Sacar de mis tierras queréis, a los muertos que ayer enterrasteis. Pues bien aquí están las reglas, las mismas que tuvo Orfeo. Que del Hades a los vuestros saquéis, si al salir no giráis la cabeza. Atención que parece que es fácil, pero Filosofía os franquea el camino.”
¡Estudiantes, alzad la cabeza! La victoria nos espera a un paso. Si del infierno todos salimos, al suspenso hablemos vencido. Camaradas, creamos a Hades, la mirada siempre al frente.
La salida custodian filósofos. Sócrates, ironía y mayéutica, Platón, con su mundo de ideas, Aristóteles, arete incluida, atacan nuestras huestes mortales. San Agustín y Aquino, ante tanto pagano incómodos, preguntan que por qué nos llevamos lo que es de Dios y del Cielo. Descartes, que amaba a medusa, aquella a quien dimos la muerte, sentencia con voz y tinieblas, que del final uno no puede esconderse. Kant y su libertad postulada, no logran detener nuestra marcha.
Hume entorpece el sendero, “¡Largo!” a él le decimos, “¡largo, no nos das miedo!” El empirista replica insolente. “¿Creéis que os siguen los muertos? ¿Cómo, si no los habéis visto? Es cierto que oís sus pasos, pero no es más que percepción imprudente. Preciso es daros la vuelta y comprobar que no os han engañado.”
¡Caballeros, que la luz ya se ve! ¡Guerreros no desviéis la mirada! Diez metros nos separan del alba, diez del honor y la nota. ¡Filósofos apartaos de la entrada! ¡Atrás dejaremos la gruta! ¡Diez metros y atrás el infierno! Sé que estamos cansados y algunos han sido heridos. Sé que es dura aventura, pero en el error de Orfeo no caigáis. Sé que del viaje estáis exhaustos, mas pronto el final nos espera. Mis valientes, manteneros muy firmes y de Filosofía no os dejéis embaucar.
Subid, camaradas, al barco. A bordo tendremos festín. Corazón, cabeza y coraje, demostramos a lo largo de exámenes. Subid, que volvemos a casa. Ya cerca está el fin del trayecto. Compañeros dejamos el Argos, un placer combatir con vosotros. Las cicatrices de las batallas, recuerdan cientos de historias. Nunca olvidéis este viaje, que juntos decidimos tomar. Nunca lamentéis la partida, que hazañas os han de llegar. Bajad que este puerto es Verano, bajad con el honor y la nota. Suerte si en el camino, volvemos otra vez a cruzar.
domingo, 1 de mayo de 2011
El piano
La banqueta está coja,
desgastadas sus cuerdas
Una mano invisible
atraviesa sus teclas
Mientras su cuerpo que ajado
con el polvo se besa.
En la sala vacía
Un fantasma lo toca
Que esté ronco el piano
A él poco le importa
Acaricia el teclado
Y de él la música arranca
Son sus notas las mudas
Sus acordes, sus alas
El piano no calla
El silencio es tirano
Y a él la guerra declara
En el piano hecho trizas
No es su voz la que escuchas
Sino su alma quien canta
A todos los instrumentos que olvidados se quedan en un rincón, y aunque nadie los mire, y aunque nadie se acerce ya a ellos, en el momento en el que alguién se para y fija los ojos en ellos, parece que vuelven a la vida. Y finalmente a mi mamá que se enamoró del piano.
martes, 29 de marzo de 2011
Preguntando por un beso
si pedir mucho no es
preguntabas tú a la niña
que no sabe qué amar es.
Frunciendo ella iracunda
Escarcha sus ojos de rabia
¿Cómo osas preguntarme?
¿Cómo osas tú, bandido?
que me pides lo que nadie
hasta ahora ha conseguido.
Suplicándome por pena,
capricho necio o sinrazón
Prestamo no hay que valga
del primero. ¡No hay perdón!
El primer beso si es cedido
herejía es ante el amor.
Requisito es de mis labios
conquistarme el corazón.
NOTA: Se lamenta que antes fallara la estructura de los versos, parece ser que no es del todo perfecta la aplicación que funciona en mi móvil. No aplica bien los espacios, pero he aprendido y no volverá a suceder.
sábado, 19 de marzo de 2011
Ella
Apenas soplaba el viento, y sin embargo, susurraba la hierba. Ella tenía la espalda recta, pero los hombros asustados. Los ojos lucían tristes y parecían pesarle los párpados. La mirada, rendida, y sus pupilas, muy lejos de allí. Sostenía entre sus manos un pequeño espejo, que fue abriendo poco a poco. Nada más verse, lo estrelló contra el suelo. En la luna de cristal no era ella quien se reflejaba, sino otra, y la otra ella, era yo.
Esta es la carta que nunca escribiré. Verás letras, y palabras, y mis dedos manchados de tinta. Mas no te confundas, no soy yo quien te habla. Porque yo ya no pienso en ti, que es ella, dentro de mí.
Me enfrenté a ti como se tienta al viento, y fui roble en la embestida, y junco en el murmullo. Te miré a ti como se mira al océano, y como náufrago te lancé una botella, y como mar me abandonaste a mi suerte. Y cuando el fuego devoró los brotes verdes, por bruja me arrojaron a la hoguera.
Y ella era el fénix, cuando tú fuiste ceniza, y como arena te escurriste entre mis dedos.
Si alguna vez me echas de menos, llámala a ella, háblale a ella, sueña con ella. Si alguna vez te acuerdas de mí, recuérdala a ella, que te tenía en cada palabra, que te tenía en cada letra. Susúrrale al oído, siempre muy bajito, no vaya a ser que se despierte. No quiero que vuelva a buscarte entre la gente, ni que de nuevo quiebre la recta de mi boca, para volver a decírtelo todo con una sonrisa. Porque yo ya soy otra, y aunque escriba esto, es ella quien habla, porque mis manos no son ya mis manos, si es su voz la que escuchas.
En la torre del recuerdo, las campanas tocan a muerto. El cuervo de Poe tiene la última palabra y “never more” se le ha oído graznar. Ella es desterrada al fondo de mí misma, y no te preocupes, porque de ese exilio, ya no saldrá. Ahora ya somos olvido, y el tiempo, despacio, nos aleja.
En mis ojos para ti sólo hay escarcha, desprecio, dolor y la gélida rabia, pero detrás de toda esa capa de hielo, hay un corazón que se muere de frío.
Marchitó la rosa que en mis labios te dejaste. Lástima que fuera la primera, y nunca fuera cortada.
jueves, 10 de febrero de 2011
Finjamos
Finjamos que te quiero, y que por un segundo, te amo.
Imaginemos por un momento que todo tiene sentido.
Que no hay destino cruel, sólo justo, no ambiguo.
Olvida las metáforas, pues...
¡Qué sencillo resulta contar que somos como dos barcos que chocaron en el mar!
Porque yo no soy navío, ni eres tú velero,
el norte que está torcido, sur vuelto bandolero.
Finjamos que te quiero, finjamos.
Si de mi boca un suspiro saliera y de mi voz una palabra en llanto.
Fingir un amor que no existe.
Querer la vida en verso y hacer del escenario, un teatro.
Pintar una falsa sonrisa, y seguir el guión programado.
Rezar a un dios que no existe, servir a un rey que es tirano.
No cerraré con llave mi jaula, ni seré del engaño una esclava.
Porque no somos velero y navío, ni haremos vivir una farsa.
martes, 25 de enero de 2011
La cafetería
Vacía, la cafetería de mi instituto es un rectángulo chiquitito, con un mostrador muy largo y una pequeña ciudad estado de sillas y mesas enanitas enfrentadas a él, en el que en cuando, algún profesor de alma solitaria se acerca al mostrador por la derecha, siempre por la derecha (la izquierda es para el vulgo estudiantil), pide amablemente un café.
Sin embargo la cosa cambia con el estallido del timbre, y cinco minutos después del inicio del recreo, la cafetería se convierte en una masa amorfa de personas que ya no son personas, sino balas que algún invisible pelotón de fusilamiento ha lanzado contra el regazo zurdo de la sala. La cola del alumnado es como una de esas puertas que de un lado están tratando de ser abiertas y que por el otro están tratando de ser cerradas, con lo que la puerta ni se abre ni se cierra, pero está a punto de romperse.
Para conseguir medio bocadillo de tortilla (en el caso de que te encuentres en la mano siniestra del habitáculo, porque si perteneces al profesorado más te conviene la diestra, que es mucho más civilizada mas a la que el pueblo llano tiene vetada la entrada) hacen falta dos virtudes. La primera consiste en ser capaz de conseguir un aliado para tus fines en el menor tiempo posible, pues gracias a él se pueden ahorrar unos preciosos veinte céntimos, has de ser rápido y audaz en esto ya que sigue la ley de las rebajas, el que lo vea primero se lo queda, y tú allí solo y marginado, estarás con veinte céntimos menos, o en el peor de los casos si no tienes suficiente en los bolsillos y tus amigos no hacen de prestamistas, con hambre. La segunda comprende el valor necesario que implica enfrentarse a la Cola, en la que se ve a muchos entrar y pocos salir con comida, ya que muchos caen en el intento (generalmente los de primero de la ESO que tienen poca práctica) o simplemente les falta paciencia y se van a la fila de profesores de la que normalmente son echados. Para conseguir nuestra meta hay que olvidarse del honor y abrirse paso hasta la barra a base de empujones y codazos, pues doy fe de ello, ya que el turno en el ala izquierda de la cafetería se rige por la ley de la selva, será para el más fuerte, no para el que llegue primero.
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