lunes, 17 de octubre de 2011

Teorías

Bajo mi punto de vista, todo en esta vida surge de una historia encadenada, da igual que estés hablando de literatura o de bioquímica. Todo lo que ocurre es una gran historia, la gran historia del universo, en la que no sobra nada, falta de todo y se recompone por momentos. Un escritor no escribe sin sigo mismo, y por tanto todas y cada una de sus letras nacen de dentro de él, cada personaje o pensamiento, cada verso, cada cuento, todo parte de la misma raíz, y no serían los mismos si brotaran de otro sitio. Razón por la cual, en materia de escritura he terminado por acostumbrarme a todo, menos a que me lean en voz alta. El corazón se me para cuando escucho mis propias palabras en boca de otro. Porque aunque la garganta es la suya, es a mí a quien se oye, y verte a ti misma reencarnada en el cuerpo de otro es una cosa muy rara. Ese es uno de mis problemas, a otros simplemente les da vergüenza enseñar lo que con sangre de tinta imprimieron en un papel, cosa que por cierto, todo sea dicho, con la práctica se supera.
A mí, al principio, también me daba pánico ofrecerle a alguien mis textos, que son algo así como mis hijos, y cuando alguien se adentra en ellos, realmente se esta introduciendo en el interior de mis entrañas. Te ves de repente desnuda, y te hace falta mucha fuerzsa para sostenerle la mirada al público. Sin embargo, eso poco me importa ahora, de hecho, me encanta. Escribo cualquier tontería y me comporto como una niña de tres años que acaba de dibujar un círculo con cuatro palos y toda ilusionada corre hasta su madre y alegremente le dice "¡Mira, mamá! ¡Un corderito!"

miércoles, 5 de octubre de 2011

"Alea jacta est"

Al final, siempre llega el precipicio. Allí abajo, roca, piedras afiladas, abismo. Un vendaval ulula, grita, chilla, mueve las ramas, y de repente te habla. “Salta,” te dice, “entrégate a la caída, déjame envolver tu cuerpo y lo que pase después, no importa”. El suelo tiembla y se desgrana. La punta de tus pies ya se asoma al vacío. No hay un camino de vuelta, sólo puedes quedarte inmóvil o tratar de salvar la grieta. El tiempo corre en tu contra, la fosa es cada vez más ancha y profunda. Si no haces nada, vas a despeñarte. Y si haces algo y te equivocas, te despeñarás antes.

Y es entonces cuando te permites soñar. Quizás, y sólo quizás, si te pones con suficiente ahínco logres alcanzar la otra orilla. Quizás no esté tan lejos, y un salto te haga llegar. O quizás si obedeces al viento, este te sostenga y te haga volar. En tu orilla se desmorona la tierra, nadie puede vivir anclado al pasado. Quizás más allá haya auroras, quizás allí la luz sea más clara, quizás, dices con una sonrisa, allí te espere tu destino.”Idiota,” te susurra una sombra, “¿acaso crees que a todos les gusta su sino?”. Te hace dudar, pero tus piernas ya te han despegado del polvo. Te asustas y cierras los ojos, ¿quién has sido tú para ilusionarte? Extiendes tus manos y dejas que el aire te abrace, por debajo abre sus fauces un terrible y negro agujero.

Mas como dijo una vez Julio Cesar, “alea jacta est”, la suerte está echada.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Era la burla y era la tristeza

Era la burla y era la tristeza. Era un sueño roto, era una mentira, una media verdad y una certeza entera. Era una niña mimada y una caricia con siete espinas...
Se paseaba sola, siempre sola, por los tejados, por los callejones, por la luna redonda y de un río, por cada orilla. Caminaba perdida, sin rumbo, mirando atrás, a los lados, derecha, izquierda, pero nunca hacia adelante.
Se la veía tranquila y en su interior siempre llovía. Susurraba al viento palabras, y la brisa le respondía. Contaba durante el día estrellas y por las noches granos de arena.
Aparecía de repente, sin previo aviso, como una sombra, como un suspiro, siempre de espaldas, jamás con la cabeza erguida. Si alguien preguntaba, nunca contestaba. Ella despegaba los labios, callaba y enseñaba su sonrisa, su sonrisa triste de plata vieja, manoseaba, sucia, gris y bella.
Tenía que tener un nombre y la llamaban Melancolía.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Sobre un puente, en el Tormes

Caballito de mar,
perdidito en el Tormes
Castillito de arena,
castellano tu nombre
Cometido el pecado
de enredarte en un verso
Y tú callas, Dorada,
con tu estrella en mi pecho.

martes, 13 de septiembre de 2011

A ti que te vas

A ti que te vas

Y no dices si vuelves

Te he ofrecido dos besos

Y me he llevado un abrazo

Y mis ojos preguntan

Y tu voz no contesta

Y hoy el viento susurra

"Y si te vas y no vuelves"



Está tu piel aferrada

por un segundo a la mía

En tu espalda mis dedos

Mi cintura en tus brazos

Esta es nuestra suerte

No me sueltes que caigo

Me murmura tu cuerpo

"Yo me voy y no vienes"



Hay un "hasta" muy triste

que respira hoy el aire

Nos rodea y te lleva

Pues tras él está el "siempre"

Mi barbilla en tu cuello

Y en tu oreja mi frente

que es el "hasta" de aquellos

Que no vuelven a verse



Deberías soltarme,

Y tú apretas más fuerte

En mi garganta hay un nudo

Y no dices que vuelves.

jueves, 28 de julio de 2011

Un cuento del mar

Voy a contarte un cuento esta noche, Te hablaré del mar, de un barco y de una sirena. Se abre el océano furibundo y un hombre vivo sobre dos tablas rotas. Curiosa la sirena se acerca. Tiene dos ojos de hiedra y en el pelo dos perlas prendidas. Enamorado el joven pregunta ¿como te llamas, princesa? ¿cuál es tu nombre de estrella? que no sabía que en el fondo marino también florecieran las rosas.
Cállate marinero. Callate, navegante, que ella no es sino muerte y ha venido a buscarte. Besa sus labios de piedra, duérmete entre sus brazos de musgo, que mañana encontrarán en la playa tu triste y desdichado cadáver.

lunes, 18 de julio de 2011

El filo de la verdad

Él la saludó con una sonrisa amplia, inocente, abierta, amiga. Ella llegaba unos minutos tarde con una sombra en sus mejillas. Había venido a hacerle daño, y él apenas había comenzado a darse cuenta. Ella tenía los ojos de hielo y dos puñales en las pupilas. No venía cargada con toda la verdad, pero tenía la suya, y era arma más que suficiente. Llegó el  momento preciso, no era tarde, tampoco demasiado temprano. Tragó saliva, y las palabras que saltaron de su boca fueron a clavarse directamente en el costado de aquel pobre chico.
Y el silencio se deslizó como la losa de una lápida. Frío, oscuro, pesado, definitivo. Él dejó de mirarla, y ella perdió su mirada en el suelo, contemplando como la herida que ella misma había causado iba dejando manchas rojas sobre el pavimento.
Mientras los párpados de él se enrojecían, ella sólo pudo decirse a sí misma que peor hubiera sido una mentira.
Faltaron dos besos en la despedida, hubiera sido cruel empaparse los labios con la sangre de su víctima.

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